En dicha aparición, ¿Recibió Pablo algunas indicaciones y cargo antes de entrar a Damasco?

· Sí

Pero levántate, y ponte en pie; pues me he aparecido a ti para constituirte servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré. Yo te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envío, para que les abras los ojos; para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios; y para que reciban el perdón de los pecados y una parte en la herencia entre los santificados, mediante la fe en mí.”

Hechos 26:16-18

· No

Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco.

Hechos 9:7-8

Yo dije: “¿Qué he de hacer, Señor?” Y el Señor me respondió: “Levántate y vete a Damasco; allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas.”

Hechos 22:10

Aquí tenemos un buen ejemplo de lo que es una misma historia contada varias veces y en ocasiones distintas. Todos sabemos que cuando alguien cuenta una historia omite detalles (a veces intencionalmente) y que cuando vuelve a contarla puede que los detalles omitidos previamente sean dichos y que sean otros los que queden sin decirse.

A fin de aclarar las cosas, hagamos las siguientes observaciones:

  • El testimonio en Hechos 9 es la narración de Lucas, el escritor del libro de los hechos, para aquellos que leen el libro, y dispuesta con la intención de darle al lector una relación de los hechos según van pasando.
  • El testimonio en Hechos 22 son las palabras de defensa de Pablo frente al tribuno, los sacerdotes y el pueblo judío pues lo confundieron con un egipcio que estaba armando revueltas dentro de los límites del imperio (Hechos 21:27,28,37,38). Por eso Pablo comenzó a hablar en lengua hebrea (Hechos 21:40; 22:1,2), y por eso a través de todo el capítulo hace referencia a su trabajo con los fariseos y el concilio.
  • El testimonio en Hechos 26 constituye la defensa de Pablo frente al rey Agripa, luego de algunos días de encarcelamiento pues los romanos no encontraban que hacer con él (Hechos 25). Este rey Agripa era conocedor de la ley judía (Hechos 26:2,3), y por eso Pablo le expresa libremente la encomienda recibida por parte del Señor y esto con el fin de presentar defensa no solo de si mismo sino del evangelio de Jesucristo para salvación del mismo Agripa. Y casi lo consigue, pues el mismo Agripa asi lo atestigua (Hechos 26:28).

Así que cada una de estas narraciones, si bien se tratan de la misma historia, han sido contadas con motivos completamente distintos. De ahí que cada una de detalles que las otras no dan.

Uniendo las tres historias, podemos entonces conocer todos los pormenores de la conversión de Pablo:

«Pablo era judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en Jerusalén, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de los judios; lleno de celo por Dios. Persiguió a muerte a los cristianos, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres. Recibió de ellos también cartas para los hermanos de Damasco se puso en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados. «En este empeño iba hacia Damasco con plenos poderes y comisión de los sumos sacerdotes; y al medio día, yendo de camino vio una luz venida del cielo, más resplandeciente que el sol, que lo envolvió a él y a sus compañeros en su resplandor. Cayeron todos a tierra y él oyó una voz que le decía en lengua hebrea: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón.” Yo respondí: “¿Quién eres, Señor?” Y me dijo el Señor: “Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte en pie; pues me he aparecido a ti para constituirte servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré. Yo te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envío, para que les abras los ojos; para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios; y para que reciban el perdón de los pecados y una parte en la herencia entre los santificados, mediante la fe en mí. Entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.» Los que estaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz aunque no atendieron al mensaje a causa de su asombro y veían la luz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada así que le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco. Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber. Había en Damasco un discípulo llamado Ananías, hombre piadoso según la Ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí. El Señor le dijo en una visión: «Ananías.» El respondió: «Aquí estoy, Señor.» Y el Señor: «Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de Judas por uno de Tarso llamado Saulo; mira, está en oración y ha visto que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para devolverle la vista.» Respondió Ananías: «Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los muchos males que ha causado a tus santos en Jerusalén y que está aquí con poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre.» El Señor le contestó: «Vete, pues éste me es un instrumento de elección que lleve mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre.» Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.» Al instante cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; El le dijo: “El Dios de nuestros padres te ha destinado para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios, pues le has de ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre.” se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró las fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco, y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios.

¿Percibe usted alguna contradicción?

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