Dialogo sobre la predestinacion

¿Escogemos nosotros a Dios o Dios es quien nos escoge a nosotros?

Él es quien nos escoge a nosotros, y no nosotros a Él. En el antiguo y nuevo testamento, este hecho se manifiesta en más de ciento veinte versículos, pero aquí solamente pondremos algunos.

Porque tú eres pueblo santo para Jehová,  tu Dios;  Jehová,  tu Dios,  te ha escogido para que le seas un pueblo especial,  más que todos los pueblos que están sobre la tierra.

Deuteronomio 7:6

Sin embargo,  solamente de tus padres se agradó Jehová y los amó;  y después de ellos escogió su descendencia,  a vosotros,  de entre todos los pueblos,  como sucede hoy.

Deuteronomio 10:15

Porque eres pueblo santo a Jehová,  tu Dios,  y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único entre todos los pueblos que están sobre la tierra.

Deuteronomio 14:2

Entonces llamó Isaí a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel,  el cual dijo:

Tampoco a este ha escogido Jehová. Hizo luego pasar Isaí a Sama.  Pero Samuel dijo:

Tampoco a este ha elegido Jehová. Hizo luego pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel;  pero Samuel dijo a Isaí:

Jehová no ha elegido a estos. Entonces dijo Samuel a Isaí:

–¿Son estos todos tus hijos?

Isaí respondió:

–Queda aún el menor,  que apacienta las ovejas.

Y dijo Samuel a Isaí:

–Envía por él,  porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió,  pues,  por él,  y lo hizo entrar.  Era rubio,  de hermosos ojos y de buen parecer.

Entonces Jehová dijo:

“Levántate y úngelo,  porque este es”.

1 Samuel 16:8-12

vosotros,  descendencia de Abraham su siervo, hijos de Jacob,  sus escogidos.

Salmos 105:6

Envió a su siervo Moisés y a Aarón,  al cual escogió.

Salmos 105:26

Jesús les respondió:

–¿No os he escogido yo a vosotros los doce,  y uno de vosotros es diablo?

Juan 6:70

No me elegisteis vosotros a mí,  sino que yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto,  y vuestro fruto permanezca;  para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre,  él os lo dé.

Si fuerais del mundo,  el mundo amaría lo suyo;  pero porque no sois del mundo,  antes yo os elegí del mundo,  por eso el mundo os odia.

Juan 15:16,19

Entonces no existe el libre albedrio

¡Claro que existe!, estos textos atestiguan que el hombre escoge su propio camino por su propia voluntad

Si mal os parece servir a Jehová,  escogeos hoy a quién sirváis;  si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres cuando estuvieron al otro lado del río,  o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis;  pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

Josué 24:15

Pero aconteció que cuando murió Gedeón,  los hijos de Israel volvieron a prostituirse yendo tras los baales,  y escogieron por dios a Baal-berit.

Jueces 8:33

Por cuanto tu boca ha revelado tu iniquidad, habiendo escogido el hablar con astucia,

Job 15:5

Guárdate de volver a la iniquidad, la cual escogiste más bien que la aflicción.

Job 36:21

Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios que habitar donde reside la maldad,

Salmos 84:10

Dios jamás interferiría con nuestro albedrio, lo que si hace con nosotros es enseñarnos el camino correcto que deberíamos escoger, pero nosotros somos libres de escogerlo o no.

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros,  de que os he puesto delante la vida y la muerte,  la bendición y la maldición;  escoge,  pues,  la vida,  para que vivas tú y tu descendencia,

Deuteronomio 30:19

¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger.

Salmos 25:12

¿Dios destina según su voluntad a algunos para perdición y otros para salvación?

No, al menos no por su propia voluntad, y lo sabemos por las siguientes razones:

1.     Dios no hace acepción de personas

Porque Jehová,  vuestro Dios,  es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande,  poderoso y temible,  que no hace acepción de personas,  ni recibe sobornos,

Deuteronomio 10:17

Sea,  pues,  con vosotros el temor de Jehová;  mirad lo que hacéis,  porque en Jehová,  nuestro Dios,  no hay injusticia ni acepción de personas ni admisión de cohecho”.

2 Crónicas 19:7

Le preguntaron,  diciendo:

–Maestro,  sabemos que dices y enseñas rectamente,  y que no haces acepción de persona,  sino que enseñas el camino de Dios con verdad.

Lucas 20:21

Entonces Pedro,  abriendo la boca,  dijo:

–En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que lo teme y hace justicia.

Hechos 10:34-35

porque para Dios no hay acepción de personas.

Romanos 2:11

Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa;  Dios no hace acepción de personas),  a mí,  pues,  los de reputación nada nuevo me comunicaron.

Gálatas 2:6

Y vosotros,  amos,  haced con ellos lo mismo,  dejando las amenazas,  sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos,  y que para él no hay acepción de personas.

Efesios 6:9

Pero el que actúa con injusticia recibirá la injusticia que haya cometido,  porque no hay acepción de personas.

Colosenses 3:25

Si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno,  conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación,

1 Pedro 1:17

2.     Porque Dios nos pide a nosotros que no hagamos acepción de personas comprometiéndose a sí mismo, pues no puede pedirnos que hagamos algo que el mismo no puede o está dispuesto a hacer.

No tuerzas el derecho,  no hagas acepción de personas ni tomes soborno,  porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos.

Deuteronomio 16:19

¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente y haréis acepción de personas con los impíos?  Selah

Salmos 82:2

Por eso yo os he hecho despreciables, viles ante todo el pueblo,  porque no habéis guardado mis caminos y hacéis acepción de personas al aplicar la Ley”.

Malaquías 2:9

Hermanos míos,  que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.

Santiago 2:1

pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado y quedáis convictos por la Ley como transgresores,

Santiago 2:9

3.     Porque Dios es salvador del mundo, es decir, de todos los hombres sin excepción.

La luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo.

Juan 1:9

Al siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él,  y dijo: “¡Este es el Cordero de Dios,  que quita el pecado del mundo!

Juan  1:29

“De tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree no se pierda,  sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo,  sino para que el mundo sea salvo por él.

Juan 3:16-17


y decían a la mujer:

–Ya no creemos solamente por lo que has dicho,  pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo,  el Cristo.

Juan 4:42

porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

Juan 6:33

Yo soy el pan vivo que descendió del cielo;  si alguien come de este pan,  vivirá para siempre;  y el pan que yo daré es mi carne,  la cual yo daré por la vida del mundo.

Juan 6:51

Otra vez Jesús les habló,  diciendo:

–Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas,  sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 8:11

Al que oye mis palabras y no las guarda,  yo no lo juzgo,  porque no he venido a juzgar al mundo,  sino a salvar al mundo.

Juan 12:47

porque no hay diferencia entre judío y griego,  pues el mismo que es Señor de todos,  es rico para con todos los que lo invocan;

Romanos 10:12

que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios,  porque esperamos en el Dios viviente,  que es el Salvador de todos los hombres,  mayormente de los que creen.

1 Timoteo 4:10

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios,  nuestro Salvador, y su amor para con la humanidad,

Tito 3:4

Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo,  el Salvador del mundo.

1 Juan 4:14

Entonces no entiendo claramente ¿Cómo coexisten los conceptos de la selección de Dios con el de la no acepción de personas?

Primeramente tenemos que entender algo, el hecho de que Dios haga una selección para las personas no significa que haga una selección antojadiza ni caprichosa. Dios realmente es quien hace la selección de los que van a ser salvados y los que no van a ser salvados, pero basándose en un criterio de selección bastante estricto.

Dios desearía que todos nosotros fuéramos salvados, pero no puede ser así porque no todos cumplimos con los requisitos.

Por ejemplo, supongamos que usted quiere trabajar en una importante empresa de telecomunicaciones; un amigo suyo que ostenta un importante cargo dentro de la empresa le dice a usted que puede ayudarlo a conseguir ese empleo pero requiere que usted deposite su currículum vitae en su oficina antes de los próximos ocho días. Si al transcurrir los ocho días usted no lleva su currículum, entonces habrá perdido su oportunidad de emplearse en dicha compañía. Si en cambio usted lleva su currículum en el plazo que se le ha asignado, entonces de seguro lo escogerán a usted y no a otro, porque su amigo desea escogerle a usted. Al final, bajo estas circunstancias, si a usted lo emplean o no dentro de la compañía dependerá enteramente de usted.

Nosotros estamos en una situación muy similar al ejemplo anterior. Todos nosotros necesitamos salvación, Dios está dispuesto a entregárnosla a todos nosotros pero requiere como requisito una disposición específica del corazón. Los que cumplan con este requisito serán escogidos por Dios y los que no lo cumplan no serán escogidos; así lo atestigua el siguiente pasaje cuando Dios envía a Samuel para hacerle saber a David que había sido escogido:

Pero Jehová respondió a Samuel:

–No mires a su parecer,  ni a lo grande de su estatura,  porque yo lo desecho;  porque Jehová no mira lo que mira el hombre,  pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos,  pero Jehová mira el corazón.

1 Samuel 16:7

¿De cual requisito me habla?

Uno muy simple: creer en la verdad del sacrificio de Jesucristo. La única condición para ser escogido es que nosotros tomemos la decisión de recibir a Jesucristo en nuestro corazón.

El que crea y sea bautizado,  será salvo;  pero el que no crea,  será condenado.

Marcos 16:16

“De tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.

El que en él cree no es condenado;  pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Juan 3:16, 18

Ellos dijeron:

Cree en el Señor Jesucristo,  y serás salvo tú y tu casa.

Hechos 16:31

No me avergüenzo del evangelio,  porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego, pues en el evangelio,  la justicia de Dios  se revela por fe y para fe, como está escrito:  “Mas el justo por la fe vivirá”.

Romanos 1:16-17

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos,  serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia,  pero con la boca se confiesa para salvación. La Escritura dice: “Todo aquel que en él cree,  no será defraudado”,

Romanos 10:9-11

Pero, yo había escuchado que la fe es don de Dios. Si Dios le da la fe a quien Él quiere, ¿Como es posible que después los juzgue por no tener fe?

Bueno, es que no es eso lo que Dios hace. En primer lugar, las personas que afirman que la fe es don de dios se basan en este pasaje:

porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros,  pues es don de Dios.

Efesios 2:8

Ahora bien, hablando gramaticalmente, tanto en griego como en español debe existir una correspondencia de género y número entre el sustantivo y el pronombre. Veamos el siguiente ejemplo:

Esta carro es blanco.

Esta oración es incorrecta porque el sustantivo “carro” es masculino, y el pronombre “esta” es femenino. O ambos son masculinos o ambos femeninos, asi que la oración escrita correctamente sería así:

Este carro es blanco.

Ahora que este detalle ha quedado claro, volvamos al pasaje anterior señalando el punto que deseamos resaltar:

porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros,  pues es don de Dios.

Efesios 2:8

Bueno, el pronombre “esto” es masculino, en tanto que el sustantivo “la fe” es femenino, por lo que no puede estársenos hablando de la fe. Lo que si es don de Dios es el hecho de que por gracia somos salvos por medio de la fe, pero no la fe en si misma; si esto no fuera así, Dios no podría haber puesto estos otros versos de la Biblia donde se manifiesta claramente que nosotros escogemos creer o no:

El que cree en el Hijo tiene vida eterna;  pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida,  sino que la ira de Dios está sobre él.

Juan 3:36

Le dijeron,  pues,  los otros discípulos:

–¡Hemos visto al Señor!

Él les dijo:

–Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos,  y meto mi mano en su costado,  no creeré.

Juan 20:25

Estos ignoran voluntariamente que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos y también la tierra,  que proviene del agua y por el agua subsiste,

2 Pedro 3:5

Así que Dios se pasa toda nuestra vida tratando de llevarnos a creer en Él utilizando la naturaleza que nos rodea, a través de situaciones difíciles mostrándonos su poder y misericordia, dándonos amor y paz, a través de la predicación del evangelio y de su Palabra, y si eso no es suficiente, nos va a meter en tribulación y sufrimiento con el fin de que de una vez por todas empecemos a creer en Él porque sabe que si no lo hacemos tendrá que condenarnos. Así lo atestigua este verso:

¿O menosprecias las riquezas de su benignidad,  paciencia y generosidad,  ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

Romanos 2:4

Ok, entonces la predestinación no existe.

¡Claro que existe! Lo que sucede es que tienes que entender lo que es. Dios es omnisciente y sabe quienes son los que van a creer y quienes son los que lo van a negar; en base a este conocimiento previo de las cosas, el puede, si bien le place, hacer planes de antemano; así pues, Dios ha establecido un camino para cada uno de nosotros basado en las elecciones que hagamos.

Los que creen en Él ya han sido escogidos desde antes de la fundación del mundo, y ha trazado un plan de acción para conseguir que anden en buenas obras, protegerlos, cuidarlos, hacerlos crecer en Él, bendecirlos cada día, y finalmente darles vida eterna.

A los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó,  a estos también llamó;  y a los que llamó,  a estos también justificó;  y a los que justificó,  a estos también glorificó.

Romanos 8:29-30

Fíjese como se nos dice que antes de predestinarnos nos conoció, es decir, supo que íbamos a escoger, y que nos llamó luego de habernos predestinado, es decir, luego de haber trazado el plan de acción para nuestra vida. En el siguiente verso se nos repite el mismo concepto.

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

Efesios 1:4-5

Los que no creen en Él, por otra parte, han sido escogidos desde antes de la fundación del mundo como instrumentos para bendecir a sus hijos. A pesar de todo los protege y los bendice en esta vida, aunque sin comprometerse con ellos, pero finalmente han sido predestinados para condenación eterna.

porque algunos hombres han entrado encubiertamente,  los que desde antes habían sido destinados para esta condenación,  hombres impíos,  que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan a Dios,  el único soberano,  y a nuestro Señor Jesucristo.

Judas 1:4

Ya veo, pero siendo que la salvación de los hombres depende enteramente de la predicación del evangelio, ¿no significa esto que Dios es injusto con aquellos que no conocen su mensaje?

En ninguna manera, pues el mensaje del evangelio no es la única forma en la cual Él se da a conocer. Dios da a todos los hombres un conocimiento de su existencia a través de la creación de todas las cosas, y da un conocimiento de su voluntad, es decir, de lo que es bueno y malo a través de sus conciencias.

La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad, porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó: Lo invisible de él,  su eterno poder y su deidad,  se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. Por lo tanto,  no tienen excusa, ya que,  habiendo conocido a Dios,  no lo glorificaron como a Dios,  ni le dieron gracias.  Al contrario,  se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido.

Romanos 1:18-21

Ciertamente, este conocimiento es más limitado que el que podemos tener nosotros que conocemos el evangelio, por eso Dios los juzgará con indulgencia. Sin embargo aquellos que han conocido el mensaje del evangelio y lo han rechazado recibirán mayor condenación por cuanto su conocimiento era mayor.

porque para Dios no hay acepción de personas. Todos los que sin la Ley han pecado,  sin la Ley también perecerán;  y todos los que bajo la Ley han pecado,  por la Ley serán juzgados, pues no son los oidores de la Ley los justos ante Dios,  sino que los que obedecen la Ley serán justificados. Cuando los gentiles que no tienen la Ley hacen por naturaleza lo que es de la Ley,  estos,  aunque no tengan la Ley,  son ley para sí mismos, mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones,  dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos en el día en que Dios juzgará por medio de Jesucristo los secretos de los hombres,  conforme a mi evangelio.

Romanos 2:11-16

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Responses

  1. ATTE.SUGIERO EL FOLLETO : INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA TRINITARIA CENTRADA EN CRISTO PUBLICADA POR LA IGLESIA COMUNIÓN INTERNACIONACIONAL DE GRACIA.EN EL NOMBRE DE JE SUS LUIFER 51

    • Gracias por la sugerencia, trataré de conseguir el libro en linea. Quizas pueda usted orientarnos sobre algun lugar para adquirirlo…

  2. ATTE .PARA ALFREDO TOLEDO PUEDES ADQUIRIR EL FOLLETO LA TEOLOGIA TRINITARIA CENTRADA EN CRISTO FAVOR COMUNICARSE A MI DIRECCION luifer51@gmail.com EN EL NOBRE DE JESUS LUIS F PEÑARANDA JACOME

    • Gracias Luis, si me interesaría. Perdone la demora pero primero estaba fuera del país, y luego tuve problemas de salud un poco extraños, pero gracias a mi Dios y a la oración de mi congregación hoy estoy completamente repuesto.

  3. RESPUESTA PARA ALFREDO TOLEDO BENCIONES EN EL NOMBRE DE JESUS LUIFER UNA BREVE INTRODUCCION DE LA TEOLOGIA TRINITARIA CENTRADA EN CRISTO Dicho con simplicidad, la teología es el “conocimiento de Dios”. Nuestra comprensión personal de la teología consiste de todo aquello que creemos ser verdad con respecto a Dios. De una forma u otra, todos tenemos una teología. Y ciertamente cada iglesia y denominación tiene una teología, es el marco que sostiene e informa sus doctrinas y prácticas. “La teología trinitaria” es una perspectiva particular de la teología que ve la Trinidad, como es mostrada en Jesucristo, no meramente como un punto doctrinal, sino como la doctrina central y fundamental que conforma las bases para como leemos la Biblia y como entendemos todos los puntos de la teología. La teología trinitaria trata no solo del “cómo” y el “por qué” de las doctrinas y las prácticas, sino lo que es más importante, empieza con el “quién”. Se pregunta: “¿Quién es el Dios dado a conocer en Jesucristo, y quiénes somos nosotros en relación con él?”. La Biblia nos pone frente a un Dios que ha elegido darse a conocer y en realidad estar con nosotros, y por nosotros en persona, en Jesucristo. Esto significa que no podemos mirar fuera de Jesús para comprender quién es Dios. En Jesús nos encontramos con Dios como es realmente, como el Dios, Padre, Hijo y Espíritu, que es por nosotros. Cuando nos encontramos con Jesús descubrimos que nos presenta a su Padre celestial. En sus palabras y acciones escuchamos y vemos que el Padre nos ama incondicionalmente. Él envió a Jesús no movido por la ira o la necesidad de castigar a alguien, sino por su inmenso amor y por su inquebrantable compromiso con la redención humana. Cuando nos encontramos con Jesús en la Biblia hayamos que también nos presenta a su Espíritu, el Espíritu Santo de Dios, quien también actúa para llamar nuestra atención al ministerio de reconciliación de Dios. La “teología trinitaria”, por lo tanto, no se refiere simplemente a una creencia en la doctrina de la Trinidad, se refiere a creer en este Dios Unitrino y a reconocer que esta doctrina, que señala a quien es en realidad el Dios de la Biblia, está en el corazón de todas las demás doctrinas y conforma la base sobre como entendemos todo lo que leemos en las Escrituras. Centrada en Cristo La teología trinitaria está primero, y sobre todo, centrada en Cristo. Nos dice que Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios, se ha convertido en uno con nuestra carne para ser nuestro substituto salvador y para representarnos como sus hermanos y hermanas en la misma presencia del Padre. Nos dice, que en Cristo, pertenecemos al Padre y que somos amados por él. Esto significa que la vida y la fe cristiana tratan principalmente sobre cuatro clases de relaciones personales: 1) las relaciones internas de amor divino compartidas por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desde toda la eternidad, 2) la relación del Hijo eterno con la humanidad en Jesucristo encarnado, 3) la relación de la humanidad con el Padre dada por gracia a través del Hijo y el Espíritu, y 4) la relación de los seres humanos, unos con los otros como, hijos del Padre redimidos por Jesucristo. La teología trinitaria es trinitaria en el sentido de que empieza con la comprensión de que el Único Dios existe eternamente en la unión y comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta teología está centrada en Cristo en el sentido de que se basa en la preeminencia de Jesucristo como es revelado en las Escrituras: el Hijo de Dios en la carne, uno con el Padre y el Espíritu; y uno con toda la humanidad. Como señaló Thomas F. Torrance, uno de los principales teólogos trinitarios del siglo XX, Jesús es a la vez la base (fundación/origen) y la clave (principio organizador/lógica) de la Divinidad y de la totalidad del orden creado, incluyendo a toda la humanidad. Por lo tanto todo debe comprenderse en relación con él. Jesús indica que él es incluso la clave para comprender las Escrituras. Él dijo a un grupo de líderes religiosos judíos en Juan 5:39-40: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”. Tratamos de leer e interpretar la Biblia por medio de las lentes de quién es Jesús. Por ello él es la base y la lógica de nuestra teología, porque solo él es la revelación propia final y total de Dios. Historia inicial La teología trinitaria conformó la base de la enseñanza cristiana como lo reflejan los primeros credos cristianos. Los primeros maestros y teólogos trinitarios prominentes incluían a Ireneo, Atanasio y Gregorio de Nazianzo. Ireneo (murió en 202 d.C.) fue un discípulo de Policarpo, quien a su vez había estudiado con el apóstol Juan. Ireneo se esforzó por mostrar que el evangelio de la salvación enseñado por los apóstoles y transmitido por ellos está centrado en Jesús. Vio que la Biblia presenta la Encarnación como un nuevo punto de inicio para la humanidad (ver Efesios 1:9-10; 20-23). Por medio de la Encarnación, la totalidad de la raza humana “nació de nuevo” en Jesús. En Jesús, la humanidad tiene un nuevo origen y una nueva identidad. La base bíblica del pensamiento de Ireneo incluyó las afirmaciones de Pablo en Romanos 5, donde se nos presenta a Jesús como el “segundo” o “final” Adán de la raza humana. “En Jesús”, escribió Ireneo, “Dios recapituló en sí mismo la antigua formación del hombre [Adán], para que pudiese destruir el pecado, privar a la muerte de su poder y vivificar al hombre…” (Contra Herejías, III.18.7). Ireneo comprendió que Jesús tomó toda la humanidad en sí mismo y renovó a la raza humana por medio de su vida, muerte, resurrección y ascensión vicaria, en representación y substitución de la nuestra. Ireneo enseñó que esta renovación, o recreación, de la raza humana en Jesús, por medio de la Encarnación, es mucho más que una obra “por” Jesús. Al contrario, nuestra salvación es mucho más que el perdón de nuestros pecados. Significa nuestra recreación total “en” y “por medio” de Jesús. Atanasio (murió en 373 d.C.) defendió el evangelio contra falsos maestros, incluyendo a Arrio, que negó la divinidad eterna del Hijo. Esta defensa llevó a la formulación de la doctrina de la Trinidad, afirmada en el Concilio de Nicea en el año 325 d.C. En su tratado, Sobre la Encarnación, sección 20, Atanasio escribió: Así, tomando un cuerpo como el nuestro, ya que todos nuestros cuerpos estaban sujetos a la corrupción de la muerte, él sometió su cuerpo a la muerte en el lugar de todos y lo ofreció al Padre. Esto lo hizo por su puro amor por nosotros, de forma que en su muerte todos muriésemos… Hizo esto para poder volver de nuevo a la incorrupción a los hombres que habían vuelto a la corrupción, y les dio vida por medio de la muerte por la apropiación de su cuerpo y por la gracia de su resurrección… ¿Qué iba a hacer Dios? ¿Qué podría hacer, siendo Dios, sino renovar su imagen en la humanidad, de forma que por medio de ella los hombres pudieran una vez más venir a conocerle? Y, ¿cómo podría esto hacerse, salvos por la venida de la propia Imagen de sí mismo, nuestro Salvador Jesucristo?… La Palabra de Dios vino en su propia Persona, porque él solo era la Imagen del Padre, que podía recrear al hombre hecho conforme a su Imagen. Así sucedió que tomaron lugar de una vez dos maravillas opuestas: La muerte de todos fue consumada en el cuerpo del Señor; sin embargo, porque la Palabra estaba en él, la muerte y la corrupción fueron en el mismo acto totalmente abolidas. Debía de haber muerte, y muerte por todo, para que la deuda de todos pudiese ser pagada. Por lo que la Palabra…no pudiendo en sí misma morir, tomó un cuerpo mortal para poder ofrecerlo como suyo propio en lugar de todos, y sufriendo por causa de todos, por medio de su unión con ellos, “anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte, es decir, al diablo, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida” (Hebreos 2:14-15). Por su muerte la salvación ha venido a todos los hombres, y toda la creación ha sido redimida. Ambos, Atanasio e Ireneo enfatizaron la naturaleza vicaria de la humanidad que Jesús asumió en su Encarnación. Solo por medio de su nacimiento, vida, muerte en sacrificio y resurrección del Hijo de Dios Encarnado podía Dios salvar a la humanidad. Esta es la esencia del evangelio comprendida por la iglesia inicial y revelada en las Escrituras. Gregorio de Nazianzo (murió en 389 d.C.) escribió sobre la asunción de nuestra humanidad caída por Jesús por medio de su Encarnación: Si alguien pone su confianza en Él [Jesús] como un hombre sin una mente humana, tal persona está privada de mente…porque aquello que Él no ha asumido no lo ha sanado; pero aquello que está unido a su Divinidad se ha salvado también. Si solo la mitad de Adán cae, entonces aquello que Cristo asume y salva puede que sea la mitad también; pero si la totalidad de su naturaleza cae, debe estar unido a la totalidad de la naturaleza de aquel que fue engendrado, y así ser salvo como totalidad… (Epístola 101). Teólogos trinitarios contemporáneos En el siglo XX la teología trinitaria avanzó en Occidente principalmente por medio de la obra de Karl Barth y sus estudiantes, incluyendo a tres hermanos: Thomas F. Torrance, James B. Torrance y David Torrance y sus estudiantes. En el siglo XXI hay cientos de teólogos trinitarios dispersos entre muchas denominaciones, incluyendo a Ray Anderson, Elmer Colyer, Michael Jinkins, C. Baxter Kruger, Alan Torrance, Trevor Hart y el extinto Colin Gunton. ¿Quién eres tú Señor? La teología trinitaria contesta fielmente a la pregunta más importante: “¿Quién es Jesucristo?”. Esta teología bíblicamente anclada añade mucha más comprensión al evangelio, y nos da un vocabulario centrado en Cristo para compartir el evangelio con otros en nuestro mundo contemporáneo. “¿Quién eres tú, Señor?” es la pregunta teológica principal. Esta fue la pregunta angustiada de Pablo en el camino de Damasco, donde fue derribado por el Jesús resucitado (Hechos 8:9). Pablo pasó el resto de su vida contestando esta pregunta fundamental, luego compartiendo la respuesta con todo el que escuchase. La respuesta, revelada a nosotros en las Escrituras, es el corazón del evangelio y el foco de la Teología Trinitaria. Jesús es totalmente Dios, la segunda persona de la Trinidad, el divino Hijo de Dios, en unión eterna con el Padre y el Espíritu Santo. Las Escrituras nos dicen que por medio del Hijo de Dios fue creado todo el universo, incluyendo a todos los seres humanos (Colosenses 1:16), y es el que sostiene el universo, incluyendo a todos los seres humanos (Colosenses 1:17). Así, cuando decimos “Jesucristo” estamos también diciendo “Dios” y “Creador”. Jesús es totalmente humano, el Hijo de Dios, la Palabra, se hizo humano, “carne” (Juan 1:14), mientras continuó permaneciendo totalmente divino. A esto se le llama la “Encarnación”. Las Escrituras testifican que la Encarnación nunca acabó, sino que continua, Jesús es ahora, y por siempre, totalmente Dios y totalmente humano. Resucitó y ascendió corporalmente. Regresará corporalmente, lo mismo que se fue. Cuando decimos “Jesucristo” estamos también diciendo “humanidad”. Como el único que es de una forma única Dios, Creador y Sustentador de todo, y también totalmente humano, Jesús, en sí mismo, es la única unión de Dios y la humanidad. En y a través de la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesús todos los seres humanos están incluidos en la vida y el amor de Dios. Como el apóstol Pablo enfatizó, el Jesús hombre (1 Timoteo 2:5) es el representante y substituto de todas las personas, pasadas, presentes y futuras. Él es el ser humano vicario que ha venido a vivir, a morir y a resucitar en nuestro lugar y por nosotros para reconciliarnos con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En Romanos 5, Pablo se dirige a los creyentes, pero lo que dice se aplica a toda la humanidad, creyentes y no creyentes. De acuerdo a Pablo, por medio de Jesús, todos son… ● justificados por medio de la fe alcanzando paz con Dios (Vr. 1). ● reconciliados con Dios por medio de la muerte de Jesús (Vr. 10). ● salvos por medio de la vida de Jesús (Vr. 10). Esta justificación, reconciliación y salvación se lleva a cabo ● “cuando éramos todavía débiles” (Vr. 6). ● cuando éramos “todavía pecadores” (Vr. 8). ● cuando éramos todavía “enemigos de Dios” (Vr. 10). Esto se llevó a cabo muy al margen de nuestra participación, no digamos nuestras buenas obras. Jesús hizo eso por nosotros y a nosotros, y lo hizo dentro de sí mismo. Como Ireneo dijo, haciéndose eco de Efesios 1:10, ocurrió en Jesús vía su Encarnación, por medio de una gran “recapitulación”. Los beneficios de lo que Jesús hizo hace tanto se extiende al presente y al futuro, porque Pablo dice: “mucho más…seremos salvos por su vida” (Vr. 10b), mostrando que la salvación no es una transacción realizada en un momento, sino una relación permanente que Dios tiene con toda la humanidad, una relación forjada dentro de la persona de Jesucristo, el que, en sí mismo, pone en relación a Dios y a la humanidad juntos en paz. Jesús, el segundo Adán Continuando en Romanos 5, Pablo compara el primer Adán con Jesús, llamando al último el “segundo” o el “final” Adán. Notemos los puntos principales de Pablo: ● “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre [Adán]… todos pecaron…” (Vr. 12). ● “¿…mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucris- to?” (Vrs. 15). ● Y, “como por la transgresión de uno [aquella del primer Adán] vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno [la de Jesús, el segundo o final Adán] vino a todos los hombres la justificación de vida” (Vrs. 18). “Todos” significa realmente “todos” Pablo está hablando de lo que Jesús hizo por toda la humanidad. La dimensión de su vida humana vicaria se extiende a todos los seres humanos. Pero no todos los cristianos ven “todo” de esta forma: El calvinismo, por ejemplo, dice que la salvación no es en verdad para todos, porque la expiación está limitada a los elegidos que están predestinados a ser salvos, que Jesús no murió por los no elegidos. Sin embargo, la Biblia declara que Jesús murió por todos, y que su muerte se aplica a todos ahora. Algunos pasajes relevantes incluyen (todos citados de la Reina Valera de 1960, excepto nota en contrario, con énfasis y comentarios entre corchetes añadidos): ● Juan 12:32: “Y yo [Jesús], si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. ● 2 Corintios 5:14: “Porque el amor de Cristo nos compele, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron”. ● Colosenses 1:19-20: “Porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. ● 1 Timoteo 2:3-6: “Esto es bueno y agradable delante de Dios, nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos…”. ● Timoteo 4:9-10: “Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida…porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen”. ● Hebreos 2:9: “Pero vemos a aquel [Jesús] que…a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos”. ● 1 Juan 2:2: “Él [Jesús] es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. ● Ver también Juan 1:29; 3:17; Romanos 8:32; 2 Corintios 5:18-19; Tito 2:11 y 1 Juan 4:14. Aunque hay incluso más evidencia, esta evidencia bíblica es suficiente para concluir que Jesús murió por toda la humanidad. La salvación es recreación no mera transacción El arminismo, en contraste con el calvinismo, está de acuerdo en que “todos” se refiere a toda la humanidad, sin embargo, la salvación es potencialmente suya, no en realidad ya que la salvación no es dada realmente hasta que una persona tiene fe. Pero la Biblia nos dice que la salvación no llega por medio de una mera transacción por la que Dios nos da la salvación a cambio de nuestro arrepentimiento y fe. En lugar de una transacción, las Escrituras presentan la salvación como una recreación. En Jesús, que es totalmente Dios y totalmente humano, el representante y substituto de toda la humanidad, todos los seres humanos son una nueva creación. Aunque es experimentado solo por medio de la fe, todos los seres humanos están justificados, reconciliados y salvados, precisamente porque están todos incluidos en Jesús, incluidos en su Encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión. Jesús hizo todo esto por nosotros y a nosotros al hacerlo con nosotros y en nosotros, como uno de nosotros. Jesús es el Uno por los muchos, los muchos en Uno. Por lo tanto, entendemos por las Escrituras que… ● Cuando Jesús murió, toda la humanidad murió con él. ● Cuando Jesús resucitó, toda la humanidad resucitó a una nueva vida con él. ● Cuando Jesús ascendió, toda la humanidad ascendió y se sentó con él al lado del Padre. Repasemos los pasajes relevantes: ● 2 Corintios 5:14-15: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”. Como vimos antes en Romanos 5:18, el resultado de la justicia de Jesús es “justificación para vida a todos los hombres”. Se nos dice que aceptemos el sacrificio de Cristo, pero esto no causa que el sacrificio sea efectivo, era ya efectivo. ● Colosenses 1:15-17: “Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” Porque Jesús es Creador y sostenedor de la totalidad del cosmos, incluyendo a toda la humanidad, cuando él murió, toda la creación, incluyendo a todos los seres humanos, “descendieron” con él, “por lo tanto todos murieron” (2 Corintios 5:14). Y cuando él resucitó, todos resucitamos; y cuando él ascendió, todos ascendimos. Jesús incluye a todos en su Encarnación, en su vida, en su muerte, en su sepultura, en su resurrección y en su ascensión. ● Romanos 6:10: “Porque en cuanto [Jesús] murió, al pecado, murió una vez por todas…”. La muerte de Jesús es ya efectiva para todo el mundo; él murió al pecado una vez por todos. ● Efesios 2:4-5: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia sois salvos!”. ● 1 Pedro 1:18-20: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis… sino con la sangre preciosa de Cristo,… ya destinado [a salvar la humanidad] desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”. El evangelio es sobre relaciones, una relación con Dios hecha real por la propia acción de Dios en Cristo en nuestro nombre. No es sobre una serie de demandas, ni es sobre una simple aceptación intelectual de una serie de hechos religiosos o bíblicos. Jesucristo no solo nos defendió ante el asiento del juicio de Dios; nos atrajo a sí mismo y nos hizo con él y en él, por el Espíritu, hijos propios amados de Dios. Aquel en quien todo el cosmos, incluyendo a toda la humanidad, vive, se mueve y es (Hechos 17:28), se convirtió en totalmente humano mientras permanecía totalmente divino (Juan 1:14). Muchas teologías presentan un punto de vista truncado de la Encarnación, viéndola como una acomodación a corto plazo de Jesús para pagar el castigo del pecado humano. Pero las Escrituras presentan la Encarnación como una realidad permanente. El milagro de la Encarnación no es algo que sucedió “una vez” en un tiempo, ahora pasado. Es un cambio sobre como es “conectado” la totalidad del cosmos, es una nueva creación (2 Corintios 5:17). La Encarnación lo cambió todo para siempre, alcanzando hacia atrás a toda la historia humana, y alcanzando hacia adelante a todo el tiempo a medida que se abre paso. Pablo habla de esto en Romanos 7:4, donde dice que incluso mientras estamos vivos, estamos muertos a la ley por el cuerpo de Cristo. La muerte de Jesús en su carne humana por nosotros, aunque un evento histórico, es una realidad presente que se aplica a toda la humanidad, pasada, presente y futura. Este hecho cósmico afecta a toda la historia. Esta comprensión es enfatizada en Colosenses 3:3: “Habéis muerto”, les dice Pablo a los colosenses históricamente vivos, “y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. Incluso mucho antes de que literalmente muramos, por lo tanto, estamos ya muertos en la muerte de Jesús y vivos en la resurrección de Jesús. Esto está quizás más claramente expresado en Efesios 2:5-6, donde Pablo asegura que, ya que fuimos muertos en el misterio de la muerte substitutoria de Jesús, todos fuimos también “juntamente con él resucitados” y “asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. En otras palabras, Dios en Cristo no solo intercepta la historia en un momento del tiempo, sino que también es el eterno contemporáneo de cada momento en el tiempo, presente allí con toda la humanidad incluida en él. Pericoresis La comunión eterna de amor que el Padre, el Hijo y el Espíritu comparten como la Trinidad conlleva un misterio de interrelación e interpenetración de las Personas divinas, un habitar mutuo sin perder la identidad personal. Como Jesús dijo: “…el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:38). Los primeros teólogos cristianos griego hablantes describieron esta relación con la palabra pericoresis, que se deriva de las palabras raíces que significan alrededor y contener. El teólogo Michael Jinkins comenta como esta vida pericorética conlleva la relación de Dios con la humanidad: La idea comunicada por la palabra pericoresis es crucial pero difícil de articular. Podemos explicarla mejor centrando nuestra atención en la Encarnación. Cuando la Palabra se convirtió en carne, Dios derramó su misma vida en la creación mientras, también y simultáneamente, tomó dentro de su propio ser unitrino nuestra humanidad en el acto supremo de abnegación propia para el beneficio de otros. En este acto libre de rendición propia, Dios nos permite mirar en el corazón mismo de su ser eterno, en el derramamiento eterno del Padre en su Hijo,Dios entregando su propio ser sin reservas. Este acto de entrega propia es en sí mismo no meramente algún “algo”, sino que es Dios, el Espíritu Santo, fluyendo eternamente del Padre al Hijo, y por medio del Hijo a la humanidad. Al tiempo que el Hijo en gozosa rendición retorna su amor al Padre y el Espíritu Santo retorna eternamente al Padre, el origen de todo ser. (Invitation to Theology –Invitación a la Teología, Págs. 91) Todos están en Cristo En y por medio de Cristo, Dios alcanza para incluir a los seres humanos en su vida y amor. En y por medio de Jesús toda la humanidad está ahora incluida en la comunión eterna de la Trinidad, aunque esa comunión puede experimentarse solo por medio de la fe. Jesús dijo a sus seguidores la noche antes de morir en la cruz: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:20). Él no dice que un día serían incluidos, sino que están incluidos y que un día se darían cuenta. La salvación trata de estar “en” Jesús, no solamente de algo hecho “por” Jesús, que después aceptamos haciéndolo así “real” o “verdadero” para nosotros. La salvación trata de una relación, y es por esto que Pablo habla tan frecuentemente en sus cartas, sobre 130 veces, de estar “en Cristo”, o con frases similares. La salvación es nuestra solo en “unión” con Jesús, por la cual participamos en la vida perfecta de Jesús y en su relación con el Padre y el Espíritu. Unidos a Jesús estamos incluidos ya en la vida y amor de Dios unitrino. Pero no podemos experimentar el gozo de esa vida sino por fe. Como ya hemos visto en las Escrituras, por medio de la unión con Jesús, toda la humanidad es… ● reconciliada con el Padre. ● querida, amada y gustada por el Padre. ● aceptada “en el Amado” (Efesios 1:6). ● perdonada, sin registro de pecado y sin condenación. El evangelio no declara la posibilidad o la potencialidad de que estas cosas sean verdad para nosotros, sino de una realidad que somos urgidos a aceptar. La fe de Cristo En la versión de la Biblia Sagradas Escrituras en Español, leemos en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente colgado en el madero, y vivo, no ya yo, sino vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí”. Esta y otras traducciones muestran apropiadamente que compartimos la fe de Cristo, en lugar de “fe en Cristo”. Es la fe de Cristo la que nos salva. David Torrance escribe (énfasis añadido): Somos salvos por la fe y obediencia de Cristo al Padre, no por la nuestra. Mi hermano Tom [Torrance] citó a menudo Gál. 2:20: “Con Cristo estoy juntamente colgado en el madero, y vivo, no ya yo, sino vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí”. Esta es la traducción de la Biblia Sagradas Escrituras en Español, que creo que es una traducción correcta del griego que dice: “en pistei zo te tou viou tou theou “por la fe del Hijo de Dios”). Otras traducciones, porque aparentemente encuentran que es muy difícil de creer que podamos vivir por la fe de Cristo, en lugar de la nuestra, han alterado el texto para hacerlo decir: “lo vivo por la fe en el Hijo de Dios”. ¡Algo totalmente diferente! Esas traducciones suprimen la naturaleza vicaria de la vida de fe de Cristo. Es por su fe, no por la nuestra, ¡que somos salvos y vivimos! Nuestra fe es una respuesta agradecida a su fe. Cuando reflexionamos en nuestras vidas y ponderamos cuán desobedientes hemos sido, a veces, y lo continuamos siendo, es maravillosamente consolador saber que Cristo nos da su vida de obediencia al Padre, y que es la obediencia de Cristo la que cuenta. Somos salvos por su obediencia, no por la nuestra. “An Introduction to Torrance Theology – Una introducción a la teología de Torrance Págs. 7-8). Thomas Torrance escribe: Jesús entra en la situación cuando somos llamados a tener fe en Dios, a creer y confiar en él, y actúa en nuestro lugar y en nuestro nombre desde dentro de las profundidades de nuestra infidelidad y nos provee gratuitamente con una fidelidad en la que podemos compartir… Esto significa que si pensamos en creer, confiar o en la fe como formas de actividad humana delante de Dios, entonces debemos pensar en Jesús creyendo, confiando, o teniendo fe en Dios el Padre en nuestro beneficio y en nuestro lugar… Por medio de su unión encarnacional y expiatoria con nosotros, nuestra fe se implica en la suya, y por medio de esa implicación, lejos de ser despersonalizada o deshumanizada, Jesús hace que surja libre y espontáneamente de nuestra propia vida humana delante de Dios. Pero por sí misma, sin embargo, como Calvino solía decir, la fe es un vaso vacío, porque en fe descansamos sobre la fidelidad de Cristo, e incluso la forma en la que descansamos es sostenida y mantenida por su inconmovible fidelidad (The Mediation of Christ – La Mediación de Cristo, Págs. 82-83). Pero, ¿y nuestra libertad humana? Si es la vida, fe, y obediencia de Jesucristo la que nos salva y nos incluye en esa salvación, ¿cuál es nuestro papel? ¿Qué sucede con este punto de vista a la idea de la libertad humana? Considera los puntos siguientes: ● Toda la humanidad, por la decisión y acción soberana de Dios, es incluida en Cristo; esta inclusión fue predestinada y se ha llevado a cabo en Jesús, aparte de cualquier acción, creencia, obras, etc., de nosotros mismos. ● Cada persona es ahora urgida, por medio de la acción del Espíritu, a creer en la palabra de Dios y a aceptar personalmente su amor. ● Dios no impone esta decisión/aceptación personal a nadie; el amor debe ser libremente dado y libremente recibido; no puede ser forzado, o no es amor. ● Así la decisión humana, el ejercicio de la libertad humana es de gran importancia, pero solo en este contexto de aceptar el don de Dios que ha sido ya libremente dado. No al universalismo Cuando nos referimos a la decisión humana estamos hablando de la respuesta personal. Y debemos de tener cuidado para no confundir lo que es objetivamente verdad en Jesucristo, para toda la humanidad, con una recepción individual personal y subjetiva, o encuentro con esta verdad objetiva. ● Nosotros no “decidimos por Cristo” en el sentido de que nuestra decisión personal produzca o cause nuestra salvación. ● Al contrario, por medio de nuestra decisión personal, “aceptamos” lo que ya es nuestro en Cristo, poniendo nuestra confianza en aquel que ya ha confiado por nosotros, en nuestro lugar, y como nuestro representante. ● El Espíritu Santo nos guía a confiar no en nuestra fe, sino en la de Jesús. ● Esta unión objetiva, que tenemos con Cristo, por medio de asumir en sí mismo, en su Encarnación, nuestra humanidad, es personal y subjetivamente vivida en fe por medio del Espíritu Santo. ● Cuando creemos personalmente el evangelio, que es aceptar lo que es ya nuestro por gracia, empezamos a gozar el amor de Dios por nosotros, y a vivir en la nueva creación que Dios, anterior a cualquier creencia nuestra, nos hizo ser en Cristo. Está la verdad general, u objetiva, sobre toda la humanidad en Jesús, y también la experiencia personal, o subjetiva, de esta verdad. Objetivamente todas las personas, pasadas, presentes y futuras están ya justificadas; todas están santificadas, todas están reconciliadas en Jesús, en y por medio de lo que él ha hecho como su representante y substituto. En Jesús, objetivamente, el viejo ser ha muerto ya; en él, objetivamente, somos ya la nueva humanidad, representada como tal por él delante y con Dios. Sin embargo, aunque todas las personas están ya objetivamente redimidas por Jesucristo, no todas han despertado personal y subjetivamente todavía y aceptado lo que Dios ha hecho por ellas. No conocen todavía lo que verdaderamente son en unión con Jesús. Lo que es objetivamente verdad para todos, debe ser subjetiva y personalmente recibido y experimentado por medio del arrepentimiento y la fe. El arrepentimiento y la fe no crean ocausan la salvación de una persona, pero la salvación no puede experimentarse y gozarse sin ellas. El arrepentimiento y la fe son en sí mismas regalos de Dios. En las Escrituras encontramos algunos versículos que hablan de lo general/objetivo, mientras que otros hablan de lo personal/subjetivo. Ambas son rea-les y verdad, pero lo personal es verdad solo porque lo general es una realidad preexistente. Estas dos categorías se encuentran a lo largo de las Escrituras, ocurriendo, a veces, ambas en un pasaje como sucede en 2 Corintios 5:18-21. Pablo empieza en los versículos 18-19 con lo objetivo/general: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió [pasado] consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. Buenas noticias para todas las personas He aquí una verdad general que se aplica objetivamente a todos: todos estamos ya reconciliados con Dios por medio de lo que Jesús ha hecho en unión con toda la humanidad. Cualquier teología que sea fiel a las Escrituras y a Jesús mismo, debe contar con esta verdad. Desgraciadamente, muchas teologías tienden a ignorar este aspecto y se centran solo o principalmente en lo personal/subjetivo. Eso hace un flaco favor al evangelio, porque es el aspecto general/objetivo de quién es Jesús, y lo que él ha hecho, la base sobre la que descansa lo personal/subjetivo. De nuevo en 2 Corintios 5, habiendo establecido lo general en los versículos 18-19, Pablo continúa en los versículos 20-21 para referirse a lo subjetivo/personal: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. ¿Cómo pueden estar “reconciliados” ya todos y sin embargo, la invitación es a “reconciliarse con Dios”, sugiriendo una reconciliación por ocurrir todavía? La respuesta es que ambas son verdad, estas son dos aspectos de la misma verdad. Todos estamos ya reconciliados en Cristo, esta es la verdad general y objetiva, pero no todos han abrazado ya, y por lo tanto experimentado su reconciliación con Dios. Estar reconciliado, y sin embargo no saberlo y experimentarlo, es continuar viviendo como si uno no estuviese reconciliado. Tener los ojos de uno abiertos a esta reconciliación por el Espíritu, elegir abrazarla, y luego experimentarla, no hace que la reconciliación ocurra, pero hace que la persona reconozca personalmente la misma. Así la invitación evangelística de los embajadores de Cristo (Vr. 20) es a “reconciliarse”. Pero este llamamiento no es a hacer algo que produciría la reconciliación; al contrario, es una llamada a recibir la reconciliación que existe ya con Dios en Cristo. Preguntas y Respuestas sobre la Teología Trinitaria teologia-trinitaria (Imprimir a doble cara y doblar por la mitad) Ahora vamos a referirnos a algunas preguntas y objeciones a la Teología Trinitaria. ¿Estás diciendo que no hay diferencia entre un cristiano y un no cristiano? No. Lo que estamos diciendo es que a causa de lo que Jesús es y lo que ha hecho, todos los seres humanos, creyentes y no creyentes, están unidos a Dios en y a través de Jesús. Como resultado, todas las personas están reconciliadas con Dios; todas han sido adoptadas como sus muy queridos hijos. Todas, en y por medio de Jesús, están incluidas en el amor y vida del Dios Unitrino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sin embargo, no todas las personas saben quienes son en Cristo. Por ello, no todas han experimentado el arrepentimiento (un cambio en su forma de pensar sobre quien es Dios y quienes son ellas), y por lo tanto no se han vuelto a su Padre celestial en fe, confiando en Jesús y “tomado su cruz” para seguirle como sus discípulos. Algunos teólogos trinitarios, notando esta diferencia personal ente creyentes y no creyentes, hablan de toda la humanidad como estando reconciliada con Dios, y de los creyentes como estando reconciliados y redimidos. Cualquiera que sea el término usado, los creyentes tienen una participación personal consciente en la unión que toda la humanidad tiene con Dios en Cristo. Otra forma de referirse a la distinción entre creyentes y no creyentes es decir que todas las personas están incluidas en Cristo (general) pero solo los creyentes participan activamente(personal) en esa inclusión. A lo largo de todo el Nuevo Testamento vemos como se habla de estas distinciones, y son importantes. Sin embargo, no debemos ir demasiado lejos con ellas y pensar de los no creyentes como no aceptados y no amados por Dios. Verlos de esa forma sería pasar por alto la gran verdad de quien es Jesucristo y lo que él ha hecho por toda la humanidad ya. Sería volver las “buenas noticias” en “malas noticias”. Cuando vemos a toda la humanidad en Cristo, algunas de las categorías que podemos haber mantenido en nuestra forma de pensar desaparecerán. Ya no vemos más a los no creyentes como “extraños”, sino como hijos de Dios que necesitan comprender cuánto los ama su Padre, cuánto le gustan y los quiere. Nos acercamos a ellos como hermanos y hermanas. ¿Saben quiénes son en Cristo? No, y es nuestro privilegio hablarles del amor de Dios por ellos. Si todos están ya reconciliados con Dios en Cristo, ¿por qué las Escrituras hablan tanto sobre el arrepentimiento y la fe? Pablo escribe en Colosenses 1:21-23: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro”. Pablo está mostrando que a pesar de la reconciliación universal, en las mentes de los individuos no creyentes permanece la alienación hacia Dios. Aunque incluidos en Jesús, y por ello en el amor y la vida de Dios como sus hijos adoptivos, no lo “ven”, no lo “reciben” y, en sus mentes, permanecen “separados” de Dios, aunque Dios, sin duda, no está en su mente alienado de ellos. Así que la necesidad de los no creyentes no es “reconciliarse con Dios”, eso está ya hecho, sino la de alejarse de la idea de que están separados de Dios. Este “alejarse” y “volverse hacia” es arrepentimiento y fe. A muchas personas se les dice que al menos que se arrepientan y crean están totalmente separadas de Dios y la sangre de Jesucristo no puede aplicarse a ellas. Creer este error los lleva a creer en otro, que cada vez que vuelven a caer en pecado Dios retira su gracia y la sangre de Cristo no los cubre ya. Esta es la razón por la que, si son honestos consigo mismos sobre su pecado, se preocupan a lo largo de sus vidas cristianas pensando que puede que Dios finalmente los rechace. Pero el evangelio no nos dice que estamos separados de Dios y que tenemos que hacer algo para que Dios nos extienda su gracia. El evangelio nos dice que en Jesucristo, Dios el Padre ha reconciliado ya todas las cosas, incluyéndote a ti y a mí, incluyendo a todos los seres humanos, consigo mismo. Pablo escribe en Colosenses 1:15-20: “Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles… todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas… haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz”. Jesús, quien creó a todos los seres humanos, los incluyó a todos en su vida humana, muerte y resurrección substitutiva y representativa. No hay excepciones en este inclusivo “todos”, y esta reconciliación es totalmente por la acción de Dios, totalmente por gracia, no por ningún mérito u obras nuestras. Esta es la buena noticia sorprendente y universal. Sin embargo, hay un asunto relacionado y conlleva arrepentimiento personal y fe. Cada persona individualmente tiene que reconocer que está reconciliada con Dios en Cristo. En el Nuevo Testamento la palabra griega traducida “arrepentirse” es “metanoia”, que en realidad significa “cambio de mente”.Toda la humanidad es invitada, y capacitada por el Espíritu para experimentar un cambio radical de mente, alejado del egocentrismo pecaminoso y hacia Dios y su amor experimentado en unión con Jesucristo. Nota la invitación de Pedro a este cambio de mente en Hechos 2:38-39: “Arrepentíos [metanoeo = cambiar vuestra mente], y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para [eis = en o con vista hacia] perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Dios no le concede el perdón a la persona arrepentida a cambio de su arrepentimiento y fe. Como proclaman las Escrituras, el perdón es un don incondicional gratuito que es dado totalmente por gracia. La verdad del evangelio, que es la verdad sobre Jesús y sobre toda la humanidad en unión con Dios en Jesús, es que Dios ha perdonado ya a toda la humanidad con un perdón que es incondicional, y por ello verdaderamente gratuito: “Por lo tanto”, invita Pedro, “arrepentíos y creer esta verdad, y ser bautizados por el Espíritu con la mente de Jesús, que conlleva la seguridad sobrenatural de que verdaderamente somos hijos de Dios”. Arrepentirse [metanoia] es un cambio radical en la forma de pensar acerca de quién es Jesús y sobre quiénes somos nosotros en unión con él, aparte de todo lo que hayamos hecho o hagamos todavía. Por medio del arrepentimiento, que es un don que Dios nos da, nuestras mentes son “renovadas” en Jesús a través del Espíritu. El Espíritu nos mueve a arrepentirnos “porque” nuestro perdón ya se ha llevado a cabo en Cristo, “no para” ser perdonados. Nos arrepentimos “a causa de” la comprensión de que en Jesús nuestros pecados han sido perdonados y que, en Jesús, somos una nueva creación. En este arrepentimiento, nos volvemos de la alienación dentro de nosotros, a medida que el Espíritu bautiza nuestras mentes en la aceptación de Jesús y en la seguridad que llega con la misma. ¿Por qué entonces Pablo dice que si no tienes el Espíritu, no perteneces a Cristo? Romanos 8:9 dice: “Mas vosotros [cristianos] no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. ¿No ama Jesús a la persona que “no es de él”? Por supuesto, Jesús ama a esa persona, él murió por todas. Pero porque esta persona no es guiada por el Espíritu [no es un creyente],subjetivamente no “pertenece” a Jesús. Sin embargo, en un sentido objetivo, la persona ciertamente pertenece a Jesús, quien la creó y por la que murió para reconciliarla con el Padre. Pablo escribió en Colosenses 3:11: “donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos”. Efesios 4:6: “un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”. Todos están incluidos, todos pertenecen a Cristo; pero no todos lo saben y lo creen, y por lo tanto no experimentan y viven su nueva vida en él todavía. Si el mundo está reconciliado, ¿por qué Jesús decía que no oraba por él? En Juan 17:9 Jesús dijo: “Yo ruego por ellos [sus discípulos]; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son”. Primero, debemos de entender que solo porque Jesús dijera en una ocasión que el no rogaba por el mundo, sino por sus discípulos, no implica que él nunca pidió por el mundo. Es solo que justo entonces su énfasis fue sus discípulos. Es importante también comprender como Juan usa la palabra “mundo” [kosmos en griego] en el fluir de su evangelio. A veces, la palabra puede referirse a todas las personas, quienes son todas amadas por Dios; ver Juan 3:15, mientras que otras veces se puede referir al sistema mundano que es hostil a Dios. Es aparentemente este sistema el que Jesús tiene en mente aquí en Juan 17. Ya que este sistema resiste a Dios, la oración de Jesús al Padre lo excluye. Él no está pidiendo por el mundo como es, en su lugar está orando por un grupo de personas que él puede usar para declarar su amor por el mundo. Nota que después en su oración en Juan 17:21,23, Jesús tiene a todo el mundo en mente. Él pide que todos sus seguidores “sean uno… oh Padre… para que el mundo crea que tú me enviaste… para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos [a todo el mundo] como también a mí me has amado”. Piensa en ello: Dios ama a todo el mundo con el mismo amor con el que ama a su propio Hijo, Jesucristo. Y esto es verdaderamente ¡buenas noticias! Si todos están ya reconciliados con Dios, al estar incluidos por gracia en Jesús, ¿por qué las Escrituras hablan tanto sobre el juicio final y el infierno? Como con todas las preguntas, debemos de empezar con la verdad fundamental: quién es Jesucristo. Jesús es nuestro Salvador y nuestro Juez, ambos papeles en la misma persona. Y él no tiene una “doble personalidad”. En el juicio final no aparecerá un Jesús diferente del que murió por nosotros, y con nosotros, en la cruz. Piensa en este tema teniendo en mente que las bases que conocemos son ciertas y los siguientes puntos empezarán a emerger: Cada persona que acaba en el infierno había sido incluida ya en Jesús y por ello ya había sido reconciliada con Dios, perdonada, adoptada, aceptada. Es solo su incredulidad personal/subjetiva, su alienación y por ello su rechazo del perdón de Dios, la que le lleva a persistir en no aceptar el amor de Dios. El juicio final conlleva la resurrección general, cuando todos verán claramente a Jesús y a sí mismos en él, y eso crea para todos los separados, los no creyentes, una crisis que puede ser para algunos su primera invitación a arrepentirse y a creer. La pregunta básica para todos en el juicio final será: “¿Aceptas el amor y el perdón de Dios en Cristo? ¿Entrarás al banquete de bodas?”. Rechazarlo es elegir la alienación de Dios, de la fuente del mismo ser de la persona y de los demás seres humanos. Esa separación es el “infierno”, asemejado en las Escrituras a las “tinieblas de afuera” y al “fuego eterno”. C.S. Lewis en El problema del dolor, escribió esto sobre el infierno: Pagaría cualquier precio para poder decir en verdad: “Todos serán salvos”. Pero mi razón me responde: “¿Sin la voluntad de ellos o con ella?”. Si digo: “Sin su voluntad”, al momento veo una contradicción; ¿cómo puede ser involuntario el acto supremo y voluntario de la rendición propia? Si digo: “Con su voluntad”, mi razón responde: “¿Cómo, si ellos no se entregan?”. Estamos tratando aquí con el misterio del mal en un universo donde Dios es totalmente soberano, y con la realidad de que Dios nunca privará a ninguna persona del libre albedrío que le ha dado. Debe permanecer libre para decir “no”, así como “sí” a Dios. En su libro El Gran Divorcio C.S. Lewis escribió: Hay solo dos clases de personas al final: aquellas que dicen a Dios: “Sea hecha tu voluntad”, y aquellas a las que Dios les dice al final: “Sea hecha vuestra voluntad”. Todos los que están en el infierno, lo eligen. Sin esa elección propia no podría haber infierno. Ningún alma que desea el gozo seria y constantemente jamás lo perderá. Aquellos que buscan hallan. Y a aquellos que llaman se les abre. A los teólogos trinitarios se les acusa a menudo de negar la realidad del infierno. Karl Barth ha sido a menudo acusado en este sentido. Como defensa, compartió con un amigo un vívido sueño en el que vio el infierno como un…inmenso desierto… [que estaba] insoportablemente frío, no caliente. En este desierto frío y olvidado había una persona sentada, muy aislada y muy sola; tanto que Barth se deprimió con solo observar la soledad. Al acabar la narración de su sueño, Barth dijo a su amigo: “Hay personas que dicen que yo he olvidado esta región [infierno]. No la he olvidado. Sé de ella más que otras personas. Pero porque sé eso, debo hablar sobre Cristo. No puedo hablar lo suficiente sobre el evangelio de Cristo. [De “Memories of Karl Barth-Recuerdos de Karl Barth”, por Eberhard Busch, en How Karl Barth Changed My Mind – Cómo Karl Barth cambió mi mente, publicado por Donald McKim, Pág. 13-14]. Las Escrituras hablan del juicio final y del infierno precisamente porque Dios nos da la libertad para responder a lo que él ha hecho por nosotros en Cristo. Estamos incluidos en Cristo, pero podemos, de alguna forma, rechazar esa inclusión. Estamos reconciliados con el Padre, pero podemos rechazar esa reconciliación. Tal rechazo tiene consecuencias horribles, pero no niega la universalidad de lo que Dios ha hecho por toda la humanidad en Cristo. Pero, ¿por qué algunos nombres no están en el libro de la vida? Nota Apocalipsis 13:8: “…Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”. Apocalipsis 17:8 dice: “…aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia…”. ¿Cómo es que algunos nombres están ausentes del “libro de la vida” si toda la humanidad está incluida en el amor reconciliador de Dios por medio de Jesús? Primero tenemos que considerar el contexto del evangelio de estas afirmaciones en Apocalipsis. El Nuevo Testamento afirma claramente que Dios ha reconciliado a toda la humanidad consigo mismo en Jesús. Esta es una verdad objetiva y universal. Sin embargo, también se nos dice que lo que es objetivamente verdad para todos, no es experimentado personalmente, y por ello subjetivamente, por todos. Parece que en los versículos de Apocalipsis, mencionados anteriormente, Juan está hablando sobre esta experiencia personal y subjetiva. Además hay que considerar el contexto literario de esas afirmaciones en Apocalipsis. Juan escribe usando un género (estilo) literario conocido como apocalíptico. Este estilo, que era comúnmente usado por los escritores judíos del tiempo de Juan, era muy simbólico. No hay un “libro de la vida” literal. El “libro de la vida” es una forma simbólica de expresar pertenencia. Juan típicamente usa símbolos prestados del Antiguo Testamento, particularmente de las secciones apocalípticas del libro de Daniel. Nota, por ejemplo Daniel 12:1: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”. Aquí Daniel habla de un libro, que es un símbolo usado para comunicar la idea de pertenencia. Este símbolo procede de la antigua práctica de mantener una lista (“libro”) con los nombres de los ciudadanos de una comunidad. El asunto detrás de este símbolo parece ser el de la identidad. El punto de Juan en Apocalipsis es que algunas personas se identifican con Jesús y algunos con la Bestia. Aunque este es un asunto de experiencia personal, y por lo tanto subjetivo, es, sin embargo, muy real. Algunos se identifican con Jesús, quien es nuestra vida, y, trágicamente, otros no. Jesús tomó sobre sí mismo nuestra humanidad, todo el mundo está incluido en esa unión por medio de la vida, muerte, resurrección y ascensión substitutoria y representativa de Jesús. En este sentido objetivo, él ha escrito todos los nombres en su libro de la vida. Y porque somos suyos, no nos olvida, incluso cuando nosotros, en ceguera personal, nos alejamos y así parezca, personal y subjetivamente, que nuestros nombres estén ausentes de su libro. Nosotros creemos que Dios le dará a cada persona la oportunidad para comprender la verdad de su inclusión en Jesús, y por medio de esta comprensión, la de abrir sus ojos. Pero incluso entonces, cada persona, ejercitando su libertad otorgada por Dios, tiene la elección personal de aceptar o rechazar el amor de Dios. ¿Por qué dice Pedro que es difícil ser salvo? 1 Pedro 4:17-18 dice: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?”. Pedro está citando Proverbios 11:31: “Si los justos reciben su pago aquí en la tierra, ¡cuánto más los impíos y los pecadores!”. El tema no es la salvación en “el después de aquí”, sino en el aquí y ahora. En un sentido no es difícil recibir la salvación que es nuestra en Jesús, uno simplemente se arrepiente y cree el evangelio. Sin embargo, en este mundo, a causa de la dureza de corazón, muchos no quieren hacer eso. Por otro lado, es difícil vivir la vida transformada aquí en la tierra, especialmente si el mundo está persiguiéndote, que es el tema que Pedro esta discutiendo (ver 1 Pedro 4:12-16). Así que la “dificultad” de la que Pedro está hablando con respecto a la salvación, no es sobre que sea difícil “ser salvo”, de hecho, es un don gratuito para nosotros, sino que el camino de la salvación es, a menudo, difícil en este mundo porque está en contra de la forma en la que funciona separado de Dios, particularmente en tiempos de persecución. ¿Qué me dices de la vergüenza y confusión perpetuas? ¿No enseñan las Escrituras que algunos serán condenados para siempre? Si es así, ¿cómo podemos decir que todos están ahora reconciliados? Daniel 12:2: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. 2 Tes. 1:6-9 dice: “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder”. Ambos pasajes se refieren al tiempo del juicio final cuando Jesús sea “revelado”, a veces referido como la “segunda venida” de Jesús, o al regreso de Jesús “en gloria”. Este es el tiempo cuando todos los seres humanos verán claramente quien es Jesús, y por ende quienes son ellos en unión con él. Y esta “revelación” les presenta una elección: ¿Dirán “sí” a su inclusión en Cristo, o dirán “no”? Su decisión ni crea ni destruye su inclusión, pero sí determina su actitud hacia ella, si continuarán separados, y por ello en vergüenza y eterna perdición y destrucción, o entrarán en la plenitud del gozo del Señor. Quizás para muchos, este juicio final será su primera oportunidad de conocer el evangelio de Jesucristo. No se nos dan a conocer los detalles. Nos acordamos de la propia experiencia de Pablo. Nota lo que él dice en 1 Timoteo 1:13-14: “Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús”. Si Dios tiene misericordia con un blasfemo y perseguidor de los cristianos como Pablo, ¿no lo hará por todos? La respuesta es sí. La gracia de Dios será derramada abundantemente en ellos también. Sin embargo, Dios nunca les privará de la libertad que les ha dado para decir “no” a su “sí”. ¿Por qué? Porque el amor no puede ser impuesto. Nuestra aceptación personal de la inclusión de Dios libremente dada, debe ser hecha en libertad. Continuando en 1 Timoteo 1:15-16: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna”. Al volverse, estos pecadores “reciben” vida eterna, una vida que ya tienen con Dios, en Cristo, pero una vida que no han conocido, y menos abrazado o vivido. Antes de que sus ojos fuesen abiertos, estos rebeldes, aunque a menudo perpetrando males terribles, estaban viviendo en ignorancia. Recuerda lo que dijo Jesús de aquellos que le estaban crucificando en Lucas 23:34: “… Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Pero viene un tiempo cuando esta ignorancia será quitada. Juan 5:28-29 dice: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz [la de Jesús]; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”. La palabra griega traducida aquí como “condenación” es krisis, que significa “juicio”, (está traducida como krisis en el Vr. 22). Notemos la traducción del Vr. 29 en la Nueva Versión Internacional de 1984: “…y saldrán de allí. Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida, pero los que han practicado el mal resucitarán para ser juzgados”. El juicio puede terminar en condenación, pero el juicio en sí mismo no es condenación, sino un proceso para aclarar las cosas. Debemos recordar que el juez de estos “resucitados de nuevo”, normalmente referida como la resurrección general, no es otro que Jesús, el Salvador de toda la humanidad. Nota Juan 5:22: “… el Padre no juzga a nadie, sino que todo juicio [krisis] lo ha delegado en el Hijo”. En el Día del Juicio, Jesús, el juez que murió por todos nosotros en nuestra ignorancia, mostrará totalmente quien es, y a la luz de esa verdad todos son llamados a decidir, a “juicio” [krisis], a un punto de crisis. Aquellos que aceptan a Jesús entran en la plenitud del gozo de la vida que tienen con Dios en Cristo. Aquellos que lo rechazan continúan en su alienación y en la miseria que conlleva. Este juicio tiene el efecto de aclarar quienes, al final, recibirán la salvación que se les ofrece y quienes no. ¿Y qué de la “puerta estrecha”? Jesús dice en Mateo 7:13-14: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Jesús está hablando de esta vida ahora, a este lado de la resurrección general. En este día, la mayoría están viviendo en el “camino espacioso” de la destrucción. Aunque incluidos en Cristo, viven como si no lo estuviesen. Solo los “pocos” han abrazado en este tiempo la verdad que es en Jesús, y él es la “puerta estrecha”. Jesús trata de este mismo tema en Mateo 7:21-23 “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. Estas personas han hecho milagros, y al hacerlos han engañado a muchos. Afirman conocer a Jesús, y aunque Jesús obviamente los conoce, ya que él es omnisciente, no se ve a sí mismo en ellos con respecto a su fe real o conducta, y por ello proclama: “Nunca os conocí”, en el sentido de no tener una unión armoniosa con ellos. Sin embargo, esto no significa que no tengan una oportunidad futura de arrepentirse, quizás en el Día del Juicio. Jesús murió por ellos y los redimió (2 Pedro 2:1). No habrá recompensa por esas falsas obras, pero pueden todavía volverse a Jesús en arrepentimiento para experimentar la vida eterna que tienen en él. Pablo alude a esto en 1 Corintios 3:12-15: “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”. Pero ¿qué decir de la afirmación de Jesús en Mateo 25:41?: “Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles…’”. Como los versículos que siguen a esta afirmación muestran, estos rebeldes han vivido de forma egoísta. Pero eso hemos hecho todos. El tema no es la conducta perfecta, sino la actitud del corazón, algunos vuelven a Jesús en arrepentimiento pero otros permanecen obstinadamente rebeldes. Todos los que están de pie delante de Jesús en juicio le pertenecen, están incluidos en su vida y amor, pero algunos lo rechazan, y al hacerlo se separan a sí mismos en sus propios corazones y mentes. Jesús reconoce este hecho y las consecuencias que acarrea, “el fuego eterno”. Este “fuego”, como “las tinieblas de afuera” es una metáfora de la miseria autoimpuesta que experimentarán aquellos que, en el juicio final, rechacen la bondad y amor de Dios que es de ellos en Cristo. Pero, ¿no nos convertimos en hijos de Dios en el instante en que creemos? Juan 1:12-13 dice: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” (Nueva Versión Internacional de 1984). Ya hemos visto en las Escrituras que Dios ha incluido a todos en la humanidad vicaria de Jesús. Cuando él murió, todos morimos, cuando resucitó, todos nacimos de nuevo en él. Por lo tanto, todos los seres humanos son, desde la perspectiva de Dios, ya sus hijos. Pero aquellos que creen y aceptan a Jesús entran y experimentan la nueva vida que ha sido de ellos, la nueva vida que ha estado “escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). En otras palabras, lo que ha sido objetivamente verdad para ellos siempre, llegan a experimentarlo subjetiva y personalmente cuando se convierten en creyentes. Jesús proclama la verdad universal y la verdad personal, la verdad objetiva y la verdad subjetiva. Notemos como lo hace en Juan 3:16-18: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. El versículo 16 proclama la verdad universal: “porque de tal manera amó Dios al mundo…”, y la personal: “para que todo aquel que en él cree, no se pierda…”. El versículo 17 proclama lo universal: “…no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él…”. El versículo 18 proclama lo personal: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado…”. ¿Cuál es la condenación de la que se habla en el versículo 18? No es la condenación al infierno porque cada persona es incrédula antes de convertirse en creyente. Se está refiriendo a su permanencia en un estado de condenación, viviendo en obscuridad y e ignorancia sin Jesús en sus vidas, al continuar desconfiando y rechazando recibir la vida en unión y comunión con él. Pero cuando una persona se convierte en un creyente la obscuridad se levanta y entra en la luz. Y ya no permanece en un estado de condenación. Jesús señala un punto similar en Juan 8:42-44: “…Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais;… Vosotros sois de vuestro padre el
    • Luis, voy a leer su comentario y le respondo en breve. Gracias por su aporte.

  4. HNO ALFRED:QUE SATISFACCION DE SU RECUPERACION FISICA Y ALEGRIA AL SABER QUE ESTAMOS EN JESUCRISTO JUAN 14:20 Cuando yo vuelva a vivir, conoceréis que estoy en el Padre, que vosotros estáis en mí y que yo estoy en vosotros.Castilian
    BENDICIONES EN EL NOMBRE DE JESÚS.ATTE LUIFER 51


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