Dialogo sobre los diezmos y la Ley

¿Qué es el diezmo y que es la ofrenda?

El diezmo es el diez por ciento de todo lo producido durante un período de tiempo X, que puede ser en efectivo o no.

El diezmo fue instituido en la Ley a través de Moisés, pero existe desde muchos años antes. El primer hombre del que tenemos noticia que haya entregado los diezmos de todo fue Abraham, aproximadamente 500 años antes de que la Ley fuera promulgada por Moisés.

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino; y lo bendijo,  diciendo:

“Bendito sea Abram del Dios altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos”.

Y le dio Abram los diezmos de todo.

Génesis 14:18-20

El segundo fue Jacob, aproximadamente 300 años antes de que la Ley fuera promulgada.

Allí hizo voto Jacob,  diciendo: “Si va Dios conmigo y me guarda en este viaje en que estoy,  si me da pan para comer y vestido para vestir y si vuelvo en paz a casa de mi padre,  Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios;  y de todo lo que me des,  el diezmo apartaré para ti”.

Génesis 28:20-22

Estos dos hombres, y no sabemos si algún otro del que no tenemos noticia, dieron los diezmos, no porque había un mandamiento expreso que les obligara a hacerlo, sino sencillamente porque quisieron. No fue hasta la llegada de Moisés que los diezmos fueron considerados un mandamiento.

En cuanto a la ofrenda, es un presente voluntario de cualquier individuo que quiera agradar a Jehová. Es completamente libre, es decir, puede ser de cualquier cantidad o de cualquier tipo y de cualquier modo pero la intención  siempre debe ser agradar a Dios.

Al igual que los diezmos, las ofrendas se entregaban desde antes de que la Ley fuera promulgada. El primer hombre en entregar una ofrenda a Dios fue Caín y el segundo fue Abel, ambos aproximadamente 2500 años antes de que Moisés promulgase la Ley.

 

Pasado un tiempo,  Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas,  y de la grasa de ellas.  Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;

Génesis 4:3-4

De esta historia aprendemos lo que necesitamos saber para ofrendar. En el pasaje anterior vemos como se nos dice que Jehová miró con agrado a Abel y a su ofrenda; todo lo contrario se nos dice de Caín:

pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda,  por lo cual Caín se enojó en gran manera y decayó su semblante.

Génesis 4:5

La reacción de Caín deja mucho que pensar. En lugar de preguntarse en que había fallado, se enojó en gran manera. En lugar de alegrarse por su hermano, decayó su semblante. El corazón de Caín no era bueno, porque su reacción demuestra más egoísmo y deseo de satisfacción personal que el deseo de agradar a Dios.

Dios tuvo buenas razones para no aceptar la ofrenda de Caín. No obstante Dios, en lugar de enojarse con él, decide darle un excelente consejo para evitar que Caín vuelva a cometer el mismo error:

Entonces Jehová dijo a Caín:

–¿Por qué te has enojado y por qué ha decaído tu semblante? Si hicieras lo bueno,  ¿no serías enaltecido?; pero si no lo haces,  el pecado está a la puerta, acechando.  Con todo,  tú lo dominarás.

Génesis 4:6-7

A pesar de todo Caín desoyó el consejo de Jehová y más que enderezar su camino, empeoró la condición de su corazón llegando hasta el punto de matar a su hermano. Piensen en lo que albergaba el corazón de Caín cuando entregaba su ofrenda: egoísmo, deseos de autosatisfacción, e ilusiones vanas; piensen ahora en las cosas que albergaba a la hora de matar a Abel: odio, rencor, envidia, impiedad, sed de venganza; la condición de su corazón había empeorado.

Esta vez Dios no vino a él con un consejo, sino que tuvo que castigarlo en la medida de maldad que había dentro de él

A la hora de ofrendar les puedo garantizar que a Dios no le agrada precisamente la cantidad, sino el corazón del que le ofrenda. No agrada a Dios quien da mucho por sentirse demasiado justo y dadivoso, ni el que da poco por mezquindad. Cada uno evalúe su propio corazón a la hora de ofrendar, pues Dios ama al dador alegre.

¿Es cierto que después de la muerte de Cristo no se mencionan los diezmos?

Una de las cosas que argumentan algunos es que en Cristo se establece un nuevo pacto por medio del cual queda abolido el anterior, y puesto que después de la muerte de Cristo no se menciona ninguna persona dando sus diezmos a Dios, entonces no tenemos que darlos nosotros tampoco.

En primer lugar, deseo que observemos que la biblia no nos menciona después de Cristo a ninguno dando sus diezmos, pero  tampoco nos dice que no debemos darlos, es decir, después de Cristo la Biblia no niega ni confirma la entrega de los diezmos, por lo que tenemos que tener cuidado cuando afirmamos categóricamente que ya no son una obligación.

En segundo lugar, debemos de recordar que si bien después de Cristo ya no existe Ley, así también antes de Moisés tampoco existía, sin embargo ya en ese tiempo se diezmaba y se ofrendaba.

Es cierto, después de Cristo no se menciona a nadie dando el diez por ciento de sus ingresos, pero esto no significa que no daban nada, por el contrario, la Biblia nos dice que daban todo lo que tenían.

Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas: vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.

Hechos 2:44-45

Además de todo esto, Cristo mismo dijo que los diezmos eran necesarios.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que diezmáis la menta, el eneldo y el comino, pero dejasteis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer sin dejar aquello.

Mateo 23:23 (énfasis añadido)

Y por último el hecho de no estar bajo la Ley es indiferente, pues Abraham y Jacob dieron los diezmos de todo cientos de años antes de que La Ley fuera promulgada.

Si ya no estamos bajo la Ley, ¿Estamos obligados a cumplir la Ley?

No, al menos no del mismo modo en que se hacía en el tiempo de Moisés. Así lo vemos en el siguiente verso:

Yo por la Ley morí para la Ley, a fin de vivir para Dios.

Gálatas 2:19

Me explicaré mejor, en el mismo lugar en el que se nos dice que debemos diezmar, es el mismo lugar en el que se nos dice que no debemos de comer carne de cerdo, sin embargo, comemos carne de cerdo. En el mismo lugar en el que se nos dice que debemos diezmar es en el que se nos dice que debemos efectuar sacrificios a Dios para ser perdonados por nuestros pecados, cosa que hace mucho que no hacemos.

La Ley es un conjunto de mandamientos escritos en los cuales se nos dice lo que es correcto y lo que no lo es, lo que agrada a Dios y lo que no le agrada, lo que le parece bien y lo que no le parece bien.

En el capítulo tres de la epístola del apóstol Pablo a los gálatas vemos como el apóstol corrige a esta iglesia por estar enfocados en el cumplimiento de la Ley en lugar de enfocarse en la fe. El apóstol empieza su amonestación haciéndole ver a los gálatas lo tontos que han sido al enfocarse en la Ley para ser bendecidos.

¡Gálatas insensatos!,  ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad,  a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros:  ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley o por el escuchar con fe? ¿Tan insensatos sois?  Habiendo comenzado por el Espíritu,  ¿ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano?  Si es que realmente fue en vano.

Gálatas 3:1-4

¿Podemos perder las bendiciones o caer bajo maldición si no cumplimos los mandamientos?

No, no podemos perderlas, al menos no si mantenemos la fe. A continuación expondremos algunas razones bíblicas que nos hacen ver esto sin lugar a dudas.

1. Porque las maravillas de Dios las recibimos por fe y no por las obras de la Ley.

 

Aquel,  pues,  que os da el Espíritu y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la Ley o por el oír con fe?

Gálatas 3:5

2. Porque todas las cosas nos ayudan a bien.

Sabemos,  además,  que a los que aman a Dios,  todas las cosas los ayudan a bien,  esto es,  a los que conforme a su propósito son llamados.

Romanos 8:28

Si existiera algo que pudiera hacernos perder nuestras bendiciones, entonces no todas las cosas nos ayudarían a bien, puesto que ese algo no nos ayuda a bien porque nos hace perder nuestras bendiciones.

 

3. Porque nada puede separarnos del amor de Dios.

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida,  ni ángeles ni principados ni potestades,  ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo,  ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios,  que es en Cristo Jesús,  Señor nuestro.

Romanos 8:38-39

 

4. Porque Dios mismo ha dicho que somos benditos y que no podemos ser maldecidos.

Entonces dijo Dios a Balaam:

–No vayas con ellos ni maldigas al pueblo,  porque bendito es.

Números 22:12

Dios mismo ha dicho de nosotros que somos benditos, ¿puede alguien ser maldito y bendito al mismo tiempo?

5. Porque ya no hay condenación para los que están en Cristo.

Ahora,  pues,  ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne,  sino conforme al Espíritu,

Romanos 8:1

Una condena es una sentencia punitiva dada a alguien por haber hecho algo malo. Si alguno de nosotros peca, rompiendo así la Ley, y luego es maldito en consecuencia de su pecado, entonces dicha maldición sería su condena. Sin embargo en este pasaje se nos dice que no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús.

6. Porque somos más que vencedores.

Antes,  en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Romanos 8:37

 

¿Podemos caer bajo maldición por no diezmar?

No, otra vez. El diezmo es parte de la Ley y no estamos obligados a cumplirla. He escuchado en muchas iglesias predicar sobre los diezmos utilizando el siguiente verso:

¿Robará el hombre a Dios?

Pues vosotros me habéis robado.

Y aún preguntáis:”¿En qué te hemos robado?”

En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros,  la nación toda, me habéis robado.

Malaquías 3:8-9

Bueno, aquí Dios mismo está diciendo que por haberle el pueblo de Israel robado es maldito con maldición. Sin embargo tenemos que recordar que cuando Malaquías hablaba se refería al pueblo de Israel cuando Cristo aun no había venido. El pueblo aun era juzgado por la Ley, y verdaderamente el no cumplirla traería maldición para ellos, como lo atestigua el siguiente verso:

“Maldito el que no confirme las palabras de esta Ley para cumplirlas”. Y dirá todo el pueblo:  “Amén”.

Deuteronomio 27:26

 

Pero en cuanto a nosotros, Cristo murió por nosotros redimiéndonos de la maldición de la Ley.

Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: “Maldito todo el que es colgado en un madero”),

Gálatas 3:13

Entonces ¿Ya no tenemos ninguna consecuencia por nuestros pecados?

Claro que las tenemos, en primer lugar porque Dios nos disciplinará haciéndonos sufrir por nuestros pecados o bien por nuestras actitudes pecaminosas, como lo atestigua el siguiente verso:

y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige,  diciendo:

“Hijo mío,  no menosprecies la disciplina del Señor

ni desmayes cuando eres reprendido por él, porque el Señor al que ama,  disciplina,

y azota a todo el que recibe por hijo”. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos;  porque  ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina,  de la cual todos han sido participantes,  entonces sois bastardos,  no hijos.

Hebreos 12:5-8

Evitemos confundir la disciplina del Señor con la ira de Dios, o con la maldición. Mientras el objetivo de los dos últimos conceptos es destruir a los pecadores, la disciplina de Dios tiene como objetivo perfeccionarnos y corregir nuestros fallos y debilidades, es decir, la disciplina es bendición.

En segundo lugar, porque una cosa es Dios y otra el hombre. Dios ha perdonado en Cristo Jesús todos nuestros pecados, fallos y debilidades, pero el hombre por lo general no perdona. Si hoy usted siendo cristiano roba, caerá en la cárcel. Si hoy usted se comporta de manera inmoral, será señalado por la sociedad y caerá su testimonio frente a los hombres.

En resumen, nuestros pecados no traen consecuencias eternas para nosotros, pero si mucho sufrimiento. Evitemos el pecar, primero para agradar a Dios, y segundo para que no terminemos diciendo lo mismo que Jacob, quien sufrió mucho por causa de su propio pecado.

Jacob respondió al faraón:

–Los años de mi peregrinación son ciento treinta.  Pocos y malos han sido los años de mi vida,  y no han llegado a los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación.

Génesis 47:9

¿Por que cumplimos la Ley?

La ley la cumplimos porque el Espíritu que vive en nosotros nos impulsa a hacer obras de amor. El que no da frutos en su tiempo, es porque no habita el Espíritu Santo en él. Observen la manera en que lo decía Santiago:

Hermanos míos,  ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras?  ¿Podrá la fe salvarlo?

Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras.  Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras”.

Santiago 2:14,18

Y mas duro aun es lo dicho por Juan El Bautista al respecto:

y no penséis decir dentro de vosotros mismos:  “A Abraham tenemos por padre”, porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Además,  el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles;  por tanto,  todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.

Mateo 3:9-10

La Ley es para medirnos, analizarnos, evaluarnos a nosotros mismos y ver como andamos, conociendo a través de ella lo que es verdaderamente bueno o malo.

Mirad,  pues,  con diligencia cómo andéis,  no como necios sino como sabios,

Efesios 5:15

Así que es sumamente útil, pero no vivimos por ella, ni dependemos de ella para nada, de lo contrario estaríamos verdaderamente bajo maldición.

Todos los que dependen de las obras de la Ley están bajo maldición,  pues escrito está: “Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la Ley,  para cumplirlas”.

Gálatas 3:10

¿Cómo se diezma correctamente?

Usualmente es enseñado en la mayoría de las congregaciones que los diezmos y las ofrendas son actos de obediencia a un mandato, y muchos son los que diezman para que Dios los bendiga, sin embargo, esto no es lo que Dios espera de nosotros.

Ciertamente existe el mandamiento de diezmar en la Ley que Dios nos ha entregado a través de Moisés, y lo podemos ver en el siguiente versículo:

 

“El diezmo de la tierra,  tanto de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles,  es de Jehová: es cosa dedicada a Jehová.

“Todo diezmo de vacas o de ovejas,  de todo lo que pasa bajo la vara,  el diezmo será consagrado a Jehová. No mirará si es bueno o malo,  ni lo cambiará;  y si lo cambia,  tanto él como el que se dio a cambio serán cosas sagradas: no podrán ser rescatados”. Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí.

Levítico 27:30, 32-34

Ahora bien, en Cristo la cosa es muy diferente puesto que no estamos obligados a cumplir la ley, por lo que surge la pregunta ¿para que diezmar?

Creo que Dios tuvo dos razones para liberarnos de la maldición de la Ley. Primeramente porque es imposible para nosotros cumplirla completamente, y tendríamos que vivir bajo maldición, o matar miles de animales por el resto de nuestras vidas, cosa que tampoco todos podemos hacer. En segundo lugar porque Dios quiere un pueblo que haga lo correcto, no por temor a caer bajo maldición, sino por amor a Dios, a si mismo y a los demás.

Los fariseos cumplían la Ley casi a perfección, eran muy estrictos consigo mismos, sin embargo Cristo les dijo que los publicanos (traidores a sus hermanos) y las prostitutas (que practicaban la fornicación cada día) iban a llegar antes que ellos al reino de los cielos. ¿Por qué? Porque los fariseos cumplían la Ley por temor a la maldición y por alcanzar buena opinión delante de los hombres, mientras que los publicanos y las prostitutas por lo menos reconocían su pecado. Miren esta declaración de Cristo:

“¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!,  porque diezmáis la menta,  el anís y el comino,  y dejáis lo más importante de la Ley: la justicia,  la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer,  sin dejar de hacer aquello. ¡Guías ciegos,  que coláis el mosquito y tragáis el camello!

Mateo 23:23-24

Lo más importante entonces no es diezmar, sino diezmar por amor y misericordia. No estamos obligados a cumplir la Ley, sin embargo deberíamos cumplirla por las siguientes razones.

1.       Porque la Ley nos enseña que es lo que a Dios le agrada y le desagrada y si lo amamos, vamos a querer agradarle.

2.       Porque la Ley es sabiduría, así que si no la cumplimos nos hacemos a nosotros mismos necios.

3.       Porque la Ley nos dice como hacer el bien a los demás, y si los amamos vamos a querer hacerles el bien.

4.       Porque si tenemos fe en aquel que nos ha salvado, es imposible que no nos sometamos a su voluntad. La fe sin obras es una fe muerta.

5.       Porque Dios como Padre amoroso corregirá al hijo indisciplinado, pues el padre corrige al hijo que ama. La disciplina de Dios es muy efectiva, pero también puede ser muy dolorosa, sin embargo nos hace mejorar y tiene consecuencias excelentes para la vida venidera.

Diezmamos porque Dios nos bendijo primero. No podemos diezmar si Dios no nos ha bendecido, porque los diezmos se sacan de aquello que hemos recibido antes de diezmar. Por lo tanto, el diezmo es una acción de agradecimiento de un hijo hacia un Padre que ha sido bueno con él, y no una acción de temor ante un Dios implacable y duro.

¿Para que son los diezmos y las ofrendas?

Según la Ley, los diezmos son para el sostenimiento de los levitas, es decir, aquellos que trabajan en el templo a tiempo completo. Los levitas a su vez tienen que diezmar. El diezmo de los levitas es para el dirigente de la congregación.

Porque a los levitas les he dado como heredad los diezmos de los hijos de Israel,  que presentarán como ofrenda a Jehová,  por lo cual les he dicho: “Entre los hijos de Israel no poseerán heredad””. Jehová dijo a Moisés: “Hablarás a los levitas y les dirás: Cuando toméis los diezmos de los hijos de Israel que os he dado como vuestra heredad,  vosotros presentaréis de ellos,  como ofrenda mecida a Jehová,  el diezmo de los diezmos.

Así presentaréis también vuestra ofrenda a Jehová de todos los diezmos que recibáis de los hijos de Israel;  se la daréis al sacerdote Aarón como ofrenda reservada a Jehová.

Números 18:24-26,28

Debo de agregar que los levitas que no estén dispuestos a recibir lo que les toca están en desobediencia, puesto que el recibir los diezmos no es solo un derecho, sino un mandamiento expreso de Dios, como lo vemos a continuación:

Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio,  tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la Ley, es decir,  de sus hermanos,  aunque estos también sean descendientes de Abraham.

Hebreos 7:5

En cuanto al uso de las ofrendas, según numerosos textos bíblicos que no he querido poner aquí por cuestiones de espacio, deben ser utilizadas para el sostenimiento del templo, para ayudar a los necesitados, o bien, para algún propósito de provecho común.

Todo esto que hemos dicho es según la sabiduría de la Ley, pero anteriormente concluimos que no estamos obligados a cumplirla, por lo que se admite cierta libertad a la hora de decidir que hacer con los diezmos y las ofrendas, mientras dicha libertad esté regulada por el amor y la sabiduría.

Responses

  1. vea el video ·”EL DIEZMO NO ES DEL PASTOR·” DEL HERMANO NELSON HERNANDEZ EN EL CANAL DE YOUTUBE 9PEREIRA9


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